Mujeres de 30: Entre el deseo y el tiempo

Por Clara Bianchi | Psicóloga Clínica Fundadora de MindLink

Desde chicas estamos atravesadas por etapas. La vida, de entrada, parece dividirse en tres grandes momentos: niñez, adolescencia y adultez. Después aparecen matices: niñez temprana, juventud, adultez media, vejez. Pero siempre hay algo en común: crecemos atravesando etapas que, sepamos o no cómo transitarlas, tienen inicio, desarrollo y final.

En las mujeres, sin embargo, muchas veces existe otra división, más silenciosa, más social que biológica, pero igual de presente: niñez, fertilidad y menopausia. Y es justamente en esa etapa de fertilidad —que tiene un comienzo y un límite— donde aparece una de las crisis más profundas para muchas mujeres después de los 30, intensificándose aún más después de los 35: la maternidad.

Hay mujeres que sienten desde siempre que quieren ser madres. Otras saben con claridad que no quieren serlo. Y muchas simplemente van viviendo, esperando que el deseo, la certeza o la decisión aparezcan con el tiempo. Pero después de cierta edad, las preguntas empiezan a ocupar más espacio. Cobran volumen. Se instalan. Y aparece algo difícil de ignorar: la sensación de que el tiempo para dudar se acorta.

El famoso “tic tac”. El “reloj biológico”. Todas esas formas de nombrar algo que, nos guste o no, existe biológicamente, aunque cada mujer lo viva de manera distinta.

El feminismo nos permitió cuestionar mandatos, resignificar roles y ampliar posibilidades. Nos dio herramientas para pensar otros proyectos de vida además de la maternidad. Pero incluso con todos esos avances, hay algo que todavía no podemos modificar completamente: el tiempo biológico reproductivo de manera natural. Y ahí aparece una tensión difícil entre libertad, deseo, biología y proyecto personal.

Entonces empiezan las preguntas que nadie nos enseña a responder:

¿Quiero ser madre?¿Puedo ser madre?¿Estoy emocionalmente preparada para maternar?¿Quiero hacerlo con pareja? ¿Sin pareja?¿Estoy en el momento laboral o económico que imaginaba?¿Y si me arrepiento?¿Y si soy madre y descubro que no quería?¿Y si no lo soy y más adelante descubro que sí quería?

Porque muchas veces la angustia no viene solamente de decidir, sino de sentir que cualquier elección implica una pérdida.

A todo esto se suma otro nivel de presión: las expectativas. Las propias y las sociales. Los mandatos siguen existiendo, aunque hoy tengan formas más sofisticadas. Hoy pareciera que de la mujer se espera que sea madre o CEO, pero idealmente ambas cosas al mismo tiempo y haciéndolo bien. Que esté económicamente estable, tenga una pareja estable, un trabajo que no solo le permita vivir como quiere —que ya es mucho— sino además sentirse satisfecha o exitosa. Y, por supuesto, también mantenerse joven, bella, productiva y emocionalmente equilibrada. Cualquier cosa que quede por fuera de ese ideal parece vivirse como un fracaso directo.

Y sostener todo eso tiene un costo psíquico.

La salud mental no puede pensarse aislada de los contextos sociales, económicos y culturales en los que vivimos. En Chile, los problemas de salud mental constituyen una de las principales causas de carga de enfermedad y afectan especialmente a las mujeres. Según el Termómetro de Salud Mental ACHS-UC 2025, el 25,8% de las personas presenta síntomas moderados o severos de ansiedad y un 13% síntomas depresivos. Pero las diferencias por género son todavía más marcadas: el 35,5% de las mujeres presentó síntomas de ansiedad versus un 13,4% de los hombres, mientras que un 19,5% de las mujeres mostró síntomas depresivos frente a un 6% de los hombres. Además, el grupo entre 30 y 39 años aparece como uno de los más afectados por sentimientos de soledad y malestar psicológico.

Y, por supuesto, no existe una única causa para esto. Influyen múltiples factores: la sobrecarga mental, las desigualdades de género, la presión estética, la precariedad económica, la violencia, el trabajo doméstico no remunerado, la exigencia de productividad constante, la maternidad idealizada y también las contradicciones propias de una época donde las posibilidades crecieron, pero las exigencias también.

Tal vez el problema no sea solamente decidir qué queremos hacer con nuestra vida, sino sentir que tenemos que resolverlo todo rápido, perfectamente y sin espacio para la duda.

Clara Bianchi es psicóloga clínica argentina radicada en Chile. Trabaja en modalidad online acompañando procesos vinculados a salud mental, migración y bienestar emocional.

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